Mientras yo me hacía amigo del primo-gato y paseaba con la familia, papi y tito Joan se metieron en líos en Delft y acabaron con una pierna hinchada en la colina más baja del planeta.
Me dejaron en casa de Tito Antonio y Tita Wilma, pero cuando volvieron, venían cargados de historias: tranvías, casas torcidas, mercados techados, y hasta un gnomo con ideas raras...
Hoy cruzamos a Luxemburgo, exploramos Neumünster Abbey, las Casamatas del Bock, el Palacio Gran Ducal y la Catedral de Santa María. Disfrutamos de parques y vistas impresionantes. Terminamos en un tranquilo aparcamiento rural. ¡Luxemburgo es pura aventura canina!