Hoy ha sido de esos días en los que el cuerpo dice “ni de broma” y el cerebro responde “vale, pues luego vemos”. Nos quedamos fritos y nos despertamos tardísimo. Fuera, además, día gris y frío. Nada de playa, nada de ganas de hacer cosas. Plan perfecto para no hacer nada.
Así que nos lo tomamos con calma extrema. Tan extrema que hasta las dos no arrancamos el coche. Salimos de Porto Lagos sin prisa y con ese aire de “bueno, ya veremos qué pasa hoy”.
Primera parada rápida: el monasterio de San Nicolás, cerca de Porto Lagos. Está en un islote, conectado a tierra por una pasarela de madera, y desde la orilla se ve muy bonito, como de postal. Nosotros lo miramos desde lejos… porque acercarse era otra historia. Había muchísima gente. Pero muchísima. No sabemos qué pasaba, pero aquello parecía más una fiesta que un monasterio. Así que decidimos aplicar la técnica “mirar, asentir y seguir”.
Volvimos al coche y continuamos. Paramos en Nea Chili, en un aparcamiento junto al mar. Las vistas eran muy buenas, mar abierto, acantilados cerca… pero el aparcamiento estaba lleno de basura. Mucha. De esa que te hace pensar que algunos humanos deberían vivir una temporada en su propio coche para aprender modales.
Aun así, encontramos un rincón más decente y aparcamos. Comimos en la camper y luego salimos a dar un paseo por la costa. Vimos el acantilado, la playa, todo bastante bonito… pero con otro protagonista: los perros callejeros.
Había varios, y uno en concreto decidió que yo era su proyecto del día. Pesado como una mosca en verano. Se acercaba, insistía, daba vueltas… yo mantuve la calma y la dignidad, pero vamos, que no ayudaba a la experiencia.
Después del paseo hicimos una parada importante: Lidl. Despedida oficial. Porque en Turquía no hay, y eso hay que asumirlo poco a poco. Papi Edu entró a por provisiones como si se acabara el mundo. Yo esperé fuera, reflexionando sobre la vida y las croquetas inexistentes.
Para dormir fuimos a un sitio que ya conocíamos del viaje de hace dos años y medio: un área de picnic cerca de una iglesia, Agia Paraskevi Korusu, en Feres. Tiene su gracia volver a sitios así. Entonces fue nuestra primera parada en Grecia después de cruzar desde Turquía. Y ahora… es la última antes de volver a cruzar en sentido contrario.
La otra vez estaba lleno de gente, ruido, motos, coches, botellines… bastante movimiento. Hoy, en cambio, nada. Silencio total. Ni un alma. Como si alguien hubiera apagado el sitio.
Aparcamos en un rincón con buenas vistas, tranquilos, sin molestias. Y aquí nos quedamos.
Última noche en Grecia. Mañana cruzamos. A ver qué nos espera al otro lado. Yo, por si acaso, ya voy preparado. Porque nunca sabes dónde va a aparecer la siguiente pelota.
Añadir nuevo comentario