Hoy nos despertamos con bastante buen tiempo. Fresquito, sí, pero con sol y sin ese viento pesado de ayer. Mucho mejor. Así que mañana tranquila: paseo por la playa, olisqueo general, correr un poco sin motivo claro… lo normal.
La playa seguía igual de salvaje y vacía, y con el sol ya se disfrutaba más. Yo aproveché para hacer mis rondas, revisar que todo seguía en su sitio y, por supuesto, jugar con la pelota. Porque si hay playa, hay pelota. Es ley.
Comimos en la camper y luego arrancamos. Después de unos kilómetros vimos una señal que prometía cultura: “torre bizantina – Apollonia Tower”. Eso siempre suena bien. Aparcamos, subimos una cuestecita y llegamos arriba.
Y ahí estaba. Una torre. Tal cual. Ni más ni menos. Antigua, sí. De piedra, también. Pero vamos, que la descripción ya lo dice todo. La vimos, dimos la vuelta alrededor como buenos turistas responsables y listo. Misión cultural completada en tiempo récord.
Seguimos en coche y paramos en Kavala para repostar, que con tanto kilómetro el depósito baja más rápido que un perro cuando oye “vamos a pasear”. Luego hicimos otra parada en Xanthi, en un Praktiker, que es como un Leroy Merlin. Papi Edu necesitaba cosas para la camper. Porque claro, el bricolaje nunca se acaba. Es como cavar un agujero: empiezas sin motivo y cuando te quieres dar cuenta ya llevas media hora.
Después tocaba buscar sitio para dormir. Y fuimos a uno que ya conocíamos: Porto Lagos. Hace dos años y medio habíamos quedado aquí con Ingo y Elke, unos amigos alemanes que conocimos en Georgia. Aquella vez el sitio estaba lleno de vida. Gente, ambiente, los humanos bañándose en el mar… todo muy bien.
Hoy… otra historia. No había casi nadie. Las calles vacías, el puerto tranquilo, demasiado tranquilo. Nada de bañarse, claro. Hace frío y el agua está llena de algas. Y además hay bastantes edificios medio abandonados, algunos en ruinas, que le dan un aire un poco raro, casi de película de misterio. De esos sitios donde esperas que aparezca algo detrás de una esquina… aunque luego no aparece nada.
Aun así, encontramos un buen sitio entre árboles, bastante protegido del viento. Y oye, aunque el ambiente sea un poco extraño, el sitio tiene su encanto.
Así que aquí nos quedamos a dormir. Tranquilos, sin ruido… y con la sensación de estar en un lugar que fue otra cosa hace no tanto. Mañana veremos qué tal sigue la historia.
Añadir nuevo comentario