Día 197:

 

Candeleda – Hoyos del Espino

Nochevieja a 1450 metros, sin campanadas

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Por la mañana hacía un tiempo tan bueno que daban ganas de no mover ni una pata. Sol limpio, vistas abiertas, silencio de los que se escuchan. El embalse seguía ahí, quieto, como diciendo que otra noche tampoco habría pasado nada. Pero la fecha mandaba. 31 de diciembre no es día para improvisar demasiado y había que pensar en la logística básica, que viene a ser comida suficiente para no masticar aire durante dos días.

Salimos casi a las tres, sin prisa pero con intención, rumbo a Candeleda. El centro del pueblo no nos dijo gran cosa. Calles normales, ambiente apagado y todos los supermercados cerrados, menos dos chinos de esos que se llaman bazar y alimentación y lo prometen todo sin garantizar nada. Papi Edu compró lo imprescindible, lo justo para sobrevivir y no llorar. Con eso nos dimos por abastecidos y salimos del pueblo por la garganta de Santa María, nombre que sigue sonándome rarísimo aunque lo diga muy serio. Paramos en la Fuente de la Luz, cogimos agua y seguimos hasta el final de la carretera, una zona de picnic donde no había nadie. Allí comimos tranquilos en la cámper mientras yo vigilaba que nada se cayera al suelo sin mi supervisión.

Durante la comida papi Edu sacó los mapas, esa señal inequívoca de que algo va a cambiar. Llegó a la conclusión de que el Parque Regional de la Sierra de Gredos debía de ser más interesante arriba, metidos de verdad en la montaña, y no tanto a sus pies. En línea recta parecía cerca, pero las montañas no entienden de líneas rectas, así que tocaba rodear todo el macizo. Más de ochenta kilómetros, lo que significaba volver por la misma carretera de ayer, pero al revés.

Subimos hacia el norte, pasamos por Mombeltrán, cruzamos de nuevo el Puerto del Pico y seguimos hacia el oeste por San Martín del Pimpollar, que tiene un nombre mucho más divertido que el propio pueblo, y Hoyos del Espino. Aún quedaba algo de luz cuando entramos en el Parque Regional de la Sierra de Gredos y subimos hasta la Plataforma de Gredos, el gran acceso a la alta montaña, punto de partida de rutas, lagunas y cumbres. La carretera sube y sube hasta que el paisaje cambia de golpe. Nieve por todas partes, pinos blancos, rocas heladas y un frío que se te mete en los bigotes sin pedir permiso.

Aparcamos en el gran aparcamiento del final de la carretera. Había bastante gente con ganas de pisar nieve, tocarla, fotografiarla y comprobar que efectivamente estaba fría. Nosotros también dimos un paseo corto. Todo blanco, todo en silencio, ese tipo de sitio que impone un poco pero engancha mucho. Poco antes de las seis volvimos al coche, cuando la luz empezaba a marcharse sin despedirse.

Tocaba buscar sitio para dormir. Cogimos la carretera hacia Navarcepeda de Tormes, muy bonita pero ya casi de noche. Vimos varios lugares posibles, pero ninguno nos convenció. Demasiado abiertos, inclinados, sin cobertura o con ese no sé qué que te dice que mejor sigas un poco más. Al final regresamos a Hoyos del Espino, donde hay un aparcamiento amplio reservado para autocaravanas aunque no tenga servicios. El sitio está bien, tranquilo, y ya hay cuatro más, lo justo para no sentirte solo pero tampoco en un camping.

Aquí nos quedamos. Fuera el termómetro marca unos cinco grados bajo cero. No es raro, estamos a unos 1450 metros de altura y la montaña no perdona. Dentro de la cámper estamos calentitos, recogidos y tranquilos. Es Nochevieja, pero aquí arriba no se nota absolutamente nada, ni ruido, ni luces, ni prisas. Y la verdad es que nos parece perfecto.

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