Hoy paseé por Medinaceli entre arcos romanos, plazas nobles y piedras con mucha historia. Luego hubo ducha al sol, dudas camperiles y acabamos durmiendo en un área de picnic que de noche daba más respeto del esperado.
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Dormimos entre hielo y calma, espantamos fantasmas con calefacción y acabamos caminando entre buitres, castillos y barrancos. Un día largo, de piedra antigua y patas cansadas, que terminó junto a un puente romano y mucho silencio.
Hoy conquisté puentes medievales, murallas con vistas al río y montañas llenas de nieve y trineos suicidas. De Talamanca a Buitrago y del puerto de la Morcuera a un bosque perfecto para dormir calentitos.
Hoy tocó caminar más de lo previsto entre piedras gigantes, pinos y senderos algo caóticos en La Pedriza. Llovió justo cuando debía, hubo Whopper estratégico y acabamos durmiendo en silencio total, como manda el manual perruno.
Hoy me quedé vigilando la cámper mientras Edu se perdía entre reyes, pasillos infinitos y piedras muy serias en El Escorial. Luego paseímos entre belenes gigantes y acabamos durmiendo en un área oscura y silenciosa, ideal.
Hoy el sol nos despertó con ganas de paseo. Bosques tranquilos, un valle que se esconde, puertos de montaña con historia y un final perfecto junto al río. De esos días que se saborean despacio.
Hoy aprendí que no todos los pueblos enamoran, que algunas gargantas se miran más que se caminan y que en el embalse de Rosarito hay espacio de sobra para correr, jugar… y estrellar un dron contra una rama traicionera.
Hoy despedimos el año entre nieve, carreteras de montaña y silencios que abrigan. Subimos a Gredos casi sin plan, buscando frío y calma, y acabamos celebrando la Nochevieja más tranquila posible, a 1450 metros, calentitos y felices.
Hoy me perdí entre cabras monteses, calzadas romanas y senderos que parecían esconder secretos. El agua del río nos acompañó todo el camino, y la montaña nos regaló la última luz del día.
Hoy la lluvia mandaba más que nosotros. Plasencia se nos escapó entre viento y paraguas invisibles, el barro ganó varias batallas y acabamos refugiados en la cámper, secos, calentitos y tan tranquilos.
Amanece con lluvia, pero Plasencia nos guiña un ojo y deja de llover justo al empezar a pasearla. Puertas medievales, dos catedrales, compras nerviosas de Reyes y un final de día entre buitres, rocas y un puente del siglo diecisiete donde dormimos en silencio.
Hoy el día fue de esos que se deslizan despacio. Un puente románico al amanecer, charla inesperada entre campers, Trujillo en lo alto y una antigua estación donde ya no pasan trenes pero sí la calma.