Salimos en coche y, cómo no, volvimos a pasar por la carretera que roza Burj Al Babas. Último vistazo a los castillitos repetidos, que siguen ahí como si nada hubiera pasado. Luego ya rumbo sureste.
Pasamos por Nallıhan sin parar. Hoy tocaba avanzar, pero con sorpresa incluida. Justo antes de llegar a la zona de la reserva de aves de Nallıhan Kuş Cenneti… pisamos una carretera que hacía música.
Sí, música.
Al principio pensé que Papi Edu había puesto algo, pero no. Era la propia carretera. Tiene unas bandas especiales en el asfalto, y al pasar con las ruedas a cierta velocidad, vibra y suena como una melodía. En este caso, la Marcha Turca de Mozart. Yo no sé quién tuvo la idea, pero oye, funciona. Más raro que un gato marcando el ritmo… pero bastante divertido.
Seguimos y nos metimos en el llamado “Rainbow Desert”, que en realidad es el Nallıhan Peri Bacaları. Ya lo conocíamos del viaje de dos mil veintitrés con Tito Javi, pero siempre merece la pena volver. Esas formaciones de colores, con capas rojizas, ocres y grises, parecen sacadas de otro planeta. Como si alguien hubiera mezclado arena con pintura y lo hubiera dejado secar al sol.
Esta vez no nos quedamos a dormir. Parada técnica: comer, descansar un poco y sesión de mantenimiento. Papi Edu en modo barbería y ducha, que aquí uno también cuida la imagen. Yo supervisando, claro.
Después cruzamos al otro lado de la carretera, hacia Çayırhan y el embalse Sarıyar Barajı. Tocaba buscar sitio para dormir. Probamos algunos que salían en Park4night junto al lago… pero no nos convencieron. O demasiado expuestos, o poco agradables.
Entonces vimos otro punto marcado solo como grifo de agua, al final de un camino. Fuimos a echar un vistazo, pensando en rellenar… y sorpresa.
El sitio era perfecto.
Bonito, tranquilo, bien situado. De esos que no esperas y te alegran el día. Así que no solo cogimos agua, nos quedamos.
Y entonces empezó el espectáculo.
Estamos justo debajo de una ruta de migración de aves. Cada pocos minutos, grupos volando en formación en V, desde unos pocos hasta auténticas bandadas. Una detrás de otra, como si alguien hubiera organizado el tráfico en el cielo.
Papi Edu no paraba de hacer fotos. Yo miraba hacia arriba intentando entender cómo se coordinan tan bien. Porque eso sí que es trabajo en equipo, no como cuando intento que la pelota vaya exactamente donde yo quiero.
Así que aquí nos quedamos a dormir. Con lago cerca, silencio… y pájaros pasando por encima como si fueran aviones sin ruido.
No está nada mal.
Añadir nuevo comentario