Hoy nos despertamos con un tiempo estupendo, de esos que invitan a no hacer nada deprisa. Aprovechamos el sitio para tomar un poco el sol, estirarnos con calma y disfrutar de la tranquilidad, que para mí eso ya cuenta como actividad importante. Comimos en la cámper y, mientras yo vigilaba que todo siguiera exactamente igual que antes, Papi Edu se puso con un poco de bricolaje. Nada grave, solo ese tipo de arreglos que los humanos hacen convencidos de que ahora sí, ahora queda perfecto.
Después de la comida salimos en coche. Paramos un momento en Torreblanca para cargar agua en el depósito y luego nos acercamos a un barrio de Sevilla donde también habíamos vivido. Allí habíamos quedado con Papi Carlos, tita Carmen y su hija Isabel. Tomamos algo en una terraza del barrio, charlando tranquilos, y luego fuimos a ver el piso recién renovado de Macarena, la otra hija de Carmen. Yo inspeccioné el sitio con mirada profesional, por si acaso.
Después nos despedimos de Isabel y Carmen y volvimos al coche. Con Papi Carlos seguimos hasta El Porvenir, donde habíamos quedado con tita María y su nuevo novio Juan. Hacía frío, pero por mi culpa no pudimos entrar en el bar, así que terraza otra vez. El bar se llama Barrabás, por cierto, nombre serio para tanto humano charlando y moviendo las manos. Al rato también apareció Tito David y la pandilla ya estaba completa. Estuvimos allí hasta cerca de las diez, hablando de todo un poco, como hacen los humanos cuando están a gusto.
Antes de despedirnos, cruzamos la calle para enseñar la cámper, que estaba aparcada justo enfrente. María decía que hacía mucho que no la veía y Juan tenía curiosidad. Resultado: cinco humanos y un perrito metidos dentro, sentados donde podían, en los asientos, en la encimera, en la cama… yo mirando la escena pensando que, objetivamente, esto no está homologado, pero bueno.
Nos despedimos de todo el mundo y pusimos rumbo a Bellavista, al sitio de Cortijo Cuarto que habíamos visto días atrás. Llegamos ya muy de noche, casi a las once. Es un lugar tranquilo y bastante agradable para dormir, aunque, como en muchos rincones de Sevilla, hay quien viene en coche a lo suyo y luego deja recuerdos poco elegantes tirados por ahí. Quitando eso, el sitio está bien, es calmado y se duerme sin problemas. Aquí estamos ahora, cerrando el día con la cámper recogida y la sensación de haber tenido uno de esos días tranquilos llenos de gente querida.
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