Lluvia a cántaros y viento travieso, pero yo en la cámper convertido en rey de los charcos imaginarios. Sneem, cantera espeluznante y refugio perfecto para dormir sin mojarse.
cámper
Círculos de piedra como coliseos, castillos envueltos en hiedra, carreteras que parecen trampas y un muelle solitario frente al mar. Hoy mis patas y mis orejas no han tenido ni un respiro.
Entre acantilados que parecen morder el mar y carreteras que nos retan con sus señales de “no pasarás”, descubro que la aventura late más fuerte cuando papi Edu decide desobedecer.
Entre arenas que parecen autopistas, un muelle que se escurre hacia el horizonte y ruinas que susurran al viento, descubro que hasta el mar guarda sorpresas que no esperaba.
De la abadía solitaria de Moor a los senderos sin fin de Ballyseedy Wood. Toros, hierbas altas, viento y muchos kilómetros de paseo en un día redondo.
Hoy no hubo castillos ni aventuras, solo kilómetros, compras y un rincón tranquilo en el bosque donde descansar tras un mes de turismo sin parar.
Una noche de cuna con ruedas, planes de escape de Irlanda y un castillo que jugaba al escondite.
Pastilla sin drama, papeleo post-Brexit y un presidente haciendo trampas al golf. Dormiremos junto al monumento de un naufragio ruso con más vidas que un gato.
Hoy empieza un nuevo viaje. Hemos dejado Berga, a la yaya y a tito Joan (que se ha quedado cortando pelos), y ya hemos pasado la frontera como dos auténticos contrabandistas. ¡Vuelvo a ser perro viajero!