Caminata hasta una playa salvaje, baño valiente de papi, excavaciones intensas de mi parte... y un final inesperado en un rincón de paz junto a un lago, tras cruzar un pueblo que prometía más de lo que daba.
Escaleras infinitas en Reinebringen, pueblos con nombre de vocal (hola, Å), y un sitio tranquilo para dormir sin fiordos ni postureo, pero con mucho encanto.
Llegar a Lofoten no fue fácil: colas infinitas, ferry lleno, y yo encerrado en el garaje del barco. Pero conseguimos sitio Premium Plus para dormir. ¡Guau!
¡Pasamos el Círculo Polar en ferry! Cola infinita, tres travesías, túneles y fiordos… pero acabamos durmiendo en un rincón del paraíso sin multitudes.
Nos fuimos de Vega sin mirar atrás. Demasiado ruido, demasiada gente y cero charcos interesantes. Pero después de ferry, motos molestas y muchos kilómetros... encontramos un lugar secreto solo para nosotros.
Nos metimos en un ferry por los pelos, subimos una montaña agujereada, escapamos del camping improvisado de la isla Vega y acabamos en el paraíso. Todo en un solo día. ¿A que mola?
Me prometieron playa y me llevaron a un charco con algas. Cinco horas de coche sin comida, cero pelotas y un puerto feo. Pero encontré barro y eso lo compensa todo. Casi.
Me prometieron un paseo y acabamos cruzando un puente vikingo, husmeando un río, oliendo piedras sagradas y durmiendo junto a un fiordo. Trondheim, te ganaste mi hocico.
Hoy, disfrutamos de una tranquila mañana con ovejas, cruzamos en ferry, y encontramos un sitio perfecto para acampar cerca de una cantera. Sorprendentemente, aún había luz a medianoche.
Escalamos rocas, entramos en cavernas mágicas y huimos del gentío en busca del bosque perfecto!
Subimos las impresionantes escaleras de Midsund, con 3.292 escalones hasta 729 metros, disfrutando de vistas increíbles. Fue una caminata épica y desafiante.
Hoy hemos atravesado túneles submarinos, subido 418 escalones y olido más fiordo que un bacalao jubilado. Y aún nos quedaron fuerzas para correr por la costa. Día completito, ¡con sello perruno!