Hoy cumplo once años en Zaragoza. Por la mañana hay Belchite y caminos largos. Por la tarde pastel perruno, una vela con el once y un regalo nuevo. Día completo, vida completa.
Hoy paseé por un pueblo congelado en la guerra, exploré una Pequeña Rusia en silencio absoluto y presencié una ducha libre que nadie había pedido. Acabamos durmiendo entre pinares, con la historia aún oliendo a piedra vieja.
Un monstruo de acero plantado junto al río, ruinas que asoman como recuerdos y un final perfecto a orillas del Ebro. Hoy viajamos despacio, con frío, viento y muchos pusis vigilando cada paso.
Vandaag rook ik stenen van duizend jaar oud, stak verdachte loopbruggen over in mijn armen en overleefde een donkere tunnel vol modder. Dertien kilometer verderop vond ik een perfecte plek om te slapen en meer kattenkwaad te plannen.
Salimos sin rumbo, paramos en un cementerio que da paz en vez de miedo y acabamos durmiendo donde nos pilla la noche. Así empiezan las mejores escapadas.
Off-road, curvas, monasterios históricos y vistas de infarto: hoy despedimos la escapada con un día que mezcla aventura, historia y relax en la cámper.
¿Un pueblo fantasma, una iglesia modernista y vistas que quitan el aliento? Hoy nos perdemos por carreteras de curvas y rincones sorprendentes.
Después de más de un mes en Berga y dos pasos por el taller, por fin volvemos a rodar. Es día de Constitución, la pelu está cerrada y la cámper nos lleva hasta un rincón precioso cerca de Bonastre donde todo vuelve a encajar.
Hoy tengo el hocico triste: se ha ido Tom, el gato del títo Antonio. No éramos los mejores amigos, pero aprendimos a respetarnos… y hasta a compartir sofá, con distancia de seguridad.
Un desvío inesperado nos llevó a San Miguel del Fai. Monasterio, bosque, ruinas y un sendero que solo algunos se atrevieron a bajar. Yo sí. Papi Edu también. Y eso ya dice mucho.
A las cuatro de la madrugada saqué a papi Edu de la cama para un paseo urgente. Luego llegaron los cafés al sol, un castillo raro y un día tranquilo en Lloret que me sorprendió para bien.
Cambio de ruedas por sábanas: dos días en Lloret de Mar con papi y los titos. Entre bufés humanos y paseos con olor a mar, descubrí que también sé relajarme... un poco.