Dormimos mal pero cruzamos media Alemania entre parones y carreteras chungas, y acabamos en un bosque tranquilo al borde de Holanda. Sin queso hoy, pero con paseo y silencio.
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Intento fallido de ducha campestre, autovĂas llenas de camiones y vacas que me miran raro. Pero tambiĂ©n: abrazos, familia y la cámper aparcada frente a casa. ¡Hola de nuevo, Holanda!
Papi se va a nadar con Tito Antonio y yo me quedo en el sofá... ¡pero vuelve con pelotas nuevas! Paseo con lago, molino holandés y selfie incluido. Dormimos en la camper, como toca.
Hoy llovĂa hasta en los pensamientos. Me refugiĂ© en la cama del gato (sĂ, lo confieso). Por la tarde los humanos salieron en bici a un teatro con 4000 personas, mientras yo me quedĂ© vigilando la casa… y al pusi.
Hoy hubo reuniĂłn humana en casa, con visitas, pasteles y... ¡más mimos para el gato que para mĂ! Menos mal que luego salimos a olisquear el campo y recuperar dignidad.
Pastilla antiparasitaria, paseo al centro comercial y cena de despedida… mientras yo me quedo en casa con el pusi vigilando la logĂstica.
Tras cinco dĂas de mimos familiares (y esquivar al primo-gato ninja), tocaba volver al asfalto. Lo que no sabĂa es que el barco serĂa más aburrido que un domingo sin pelota.
Dormimos mal entre dudas, cuervos y cabezas del revés. Conducimos por túneles verdes llenos de baches hasta un campo de trigo con puesta de sol. Jugando con la pelota llegaron dos tipos… ¡y acabamos invitados a una feria de caballos!
CrucĂ© York de cabo a rabo buscando jamĂłn… y resulta que el de York no es de York. Eso sĂ, encontrĂ© una torre, un puente, una muralla y un humano con pollo. Nada mal para un jueves.
Exploramos Scarborough entre bahĂas, dragones de pedal y lápidas tranquilas. Luego caminamos por los acantilados hasta Boggle Hole, buscando vistas, historia y un sitio donde dormir sin tráfico.
Robin Hood no apareciĂł, pero sĂ una cuesta que casi me saca la lengua por la oreja. Luego vimos una iglesia rota muy importante, aunque tuvimos que espiarla por encima del muro. Planazo.
Entre espinas traicioneras, vientos despeinantes y lluvia inglesa, cruzamos media isla en busca de un rincĂłn seco. ÂżLo encontramos? ¡SĂ! Pero las espinas siguen en mi memoria perruna…