Hemos pasado un dÃa muy relajado, aunque por la tarde tuvimos mucha actividad.
El sitio en el camping donde está aparcada nuestra cámper tiene sombra hasta las 10 u 11 de la mañana, entonces podÃamos dormir bastante tiempo y arrancar tranquilamente. Pasamos casi todo el dÃa en la zona de la piscina. Mi papi y mi tito disfrutaron de unos chapuzones refrescantes y a mi solo me echaron en la ducha con agua frÃa. Me da mucha rabia pero reconozco que me refresca bastante.
Sobre las 6 de la tarde estábamos todos un poco hartos de tanto relax y salimos a dar un paseÃto. Bueno... paseÃto... caminamos más de 12 kilómetros. Es que el camping está relativamente cerca de un monasterio curioso, el monasterio de Geghard. Como es habitual en Armenia, la ubicación del monasterio es espectacular pero yo no podÃa entrar en el complejo. Mientras mi papi y mi tito visitaban el monasterio, yo me quedé esperando en la puerta. Como allà no habÃa ninguna monja, me callaba como un muy buen perrito. También estaba entretenido viendo como los hombres adultos hacen un tipo de juego delante de la entrada: lanzan pequeñas piedras a la pared de la montaña, con el objetivo de que se quede en un agujero. Tiene que ser difÃcil porque no he visto ninguna vez que se logró esto.
Dicen mi tito y mi papi que este monasterio tiene una caracterÃstica peculiar, y es que algunas partes de los edificios son excavadas de las rocas e incluso hay un pequeño arroyo corriendo por una de las capillas.
Después de visitar el monasterio tocó otro paseo de una hora para volver al camping. QuerÃamos cenar en un restaurante al lado de la carretera, pero aunque tuviera una terraza detrás del restaurante, yo no podÃa entrar. Es que en Armenia son bastantes perrófobos. Bueno... se pierden unos clientes estupendos.
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