Trescientos ochenta kilómetros de estepa recta, áreas de descanso que parecen de película postapocalíptica y un récord absoluto para el cuentakilómetros de nuestra cámper. Cruzamos Kazajistán por carreteras que son un auténtico lujo hasta encontrar un oasis con árboles, olor a barbacoa y fans inesperados.